Texto presentación:
Quedan pocas semanas para Nowruz, el Año Nuevo persa, una celebración con más de tres mil años de historia que ha sobrevivido a imperios, invasiones y revoluciones.
La palabra Nowruz significa literalmente “nuevo día”. Y este año, para muchos iraníes, ese significado tiene un sentido más profundo que nunca.
En este artículo reflexiono sobre el simbolismo de Nowruz en el Irán actual y sobre el agotamiento de una sociedad que lleva casi medio siglo viviendo bajo un régimen que ha reprimido protestas, ejecutado a miles de opositores y empobrecido sistemáticamente a su propia población.
Pero también abordo un aspecto incómodo del debate europeo, y especialmente español. Durante años, una parte significativa de la izquierda ha mostrado una enorme sensibilidad frente a determinadas injusticias internacionales, mientras ha mantenido un silencio llamativo ante la represión sistemática del régimen iraní. Esa asimetría moral no es anecdótica: revela una lectura ideológica del mundo en la que los derechos humanos parecen depender de quién sea el adversario geopolítico.
En el caso de España, esa incoherencia se ha traducido en dos errores graves. El primero, haber dado la espalda durante años a la realidad de la sociedad iraní, ignorando o minimizando las matanzas, las ejecuciones y la represión que han marcado la vida del país durante décadas. El segundo, haber construido una posición política basada más en el rechazo automático a Estados Unidos que en un análisis realista de las consecuencias estratégicas para Europa y para la propia España.
Cuando los principios cambian según el actor implicado, dejan de ser principios y se convierten en alineamientos ideológicos.
Irán no es solo un tablero geopolítico. Es una sociedad de más de ochenta millones de personas que esperan, como cada primavera desde hace milenios, la llegada de un nuevo día.
Y quizá por eso, este Nowruz, el significado literal de la palabra resuena con más fuerza que nunca.
4 de marzo de 2026
Masud Razei Yasdi
Nowruz: el “nuevo día” que muchos iraníes esperan
Quedan veintidós días para Nowruz, el Año Nuevo persa, una de las tradiciones más antiguas que siguen vivas en la historia de la humanidad. Su origen se remonta a la Persia preislámica y a la tradición zoroastriana, siglos antes de Cristo.
La palabra Nowruz significa literalmente “nuevo día”. Y pocas veces esa expresión ha tenido un sentido tan profundo como en el Irán actual.
Durante siglos, imperios, invasiones y revoluciones han intentado transformar la identidad iraní. Sin embargo, esta celebración ha sobrevivido a todos ellos. Incluso la República Islámica instaurada tras la revolución de 1979 —que intentó redefinir la vida social y cultural del país bajo un marco religioso— nunca pudo eliminar una tradición tan profundamente arraigada en la sociedad.
Nowruz no es solo una festividad. Es una metáfora de renovación. El momento en que termina el invierno y comienza un nuevo ciclo.
Este año, para muchos iraníes, ese simbolismo adquiere una dimensión política y social evidente.
Tras casi medio siglo de poder, el régimen atraviesa una crisis que ya no es únicamente económica o internacional. Es una crisis de legitimidad acumulada durante décadas.
Inflación persistente, deterioro del poder adquisitivo, falta de oportunidades para los jóvenes y un sistema político rígido han generado un profundo agotamiento social. Durante años, el régimen ha respondido a las protestas con represión, encarcelamientos y ejecuciones que han dejado miles de víctimas.
Sin embargo, el desafío actual para el poder no es únicamente la presión exterior. Es algo más difícil de controlar: la transformación silenciosa de la sociedad iraní.
Las generaciones más jóvenes, que no vivieron la revolución de 1979, miran el sistema con distancia. Para muchos de ellos, el régimen ya no representa identidad ni protección, sino limitaciones: control ideológico, policía moral y un horizonte económico cada vez más estrecho.
Históricamente, los regímenes autoritarios pueden resistir presiones externas durante mucho tiempo. Lo que resulta más difícil es sostenerse cuando una sociedad deja de creer en el relato que sostiene el poder.
Y ese proceso parece estar ocurriendo hoy en Irán.
Mientras tanto, la reacción de parte del debate europeo resulta llamativa. En muchos análisis, el foco se centra casi exclusivamente en la dimensión geopolítica del conflicto, mientras que la realidad interna de la sociedad iraní queda en segundo plano.
Esa asimetría plantea una cuestión incómoda: si los derechos humanos son universales, deberían serlo independientemente del actor político implicado.
Mientras tanto, la postura adoptada por España refleja también una contradicción preocupante. Durante años, una parte significativa de la izquierda española ha mostrado una enorme sensibilidad frente a determinadas injusticias internacionales, pero ha guardado un silencio llamativo ante la represión sistemática ejercida por el régimen iraní contra su propia población. Esa asimetría moral revela una lectura ideológica del mundo en la que los derechos humanos parecen depender de quién sea el actor geopolítico implicado.
En este contexto, la posición española ha cometido dos errores evidentes. El primero ha sido dar la espalda durante años a la realidad de la sociedad iraní, ignorando o minimizando la represión interna, las ejecuciones y las matanzas que han marcado la historia reciente del país. El segundo ha sido construir una parte de su discurso político más desde el rechazo automático a Estados Unidos que desde un análisis realista de las consecuencias estratégicas para Europa y para la propia España.
Cuando los principios cambian según el adversario político, dejan de ser principios y se convierten en alineamientos ideológicos.
Irán no es solo un régimen. Es una sociedad de más de ochenta millones de personas, muchas de las cuales aspiran simplemente a algo que en otros lugares se da por supuesto: estabilidad económica, libertades civiles básicas y un horizonte de futuro.
Por eso, cuando se acerque el equinoccio de primavera y llegue Nowruz, muchos iraníes celebrarán el inicio del nuevo año como lo han hecho durante milenios.
Pero este año, para muchos de ellos, el significado literal de la palabra podría resonar con más fuerza que nunca.
Porque Nowruz significa “nuevo día”.
Y quizá, para una parte creciente de la sociedad iraní, ese nuevo día ya no sea solo una tradición ancestral, sino una esperanza política.